Una compañera franca, sincera, noble…
Ricardo Berois. Diputado. Partido Nacional
El lunes 19 de julio despedimos a Amalia, una compañera franca, sincera, noble, de esos seres humanos que llevaremos siempre en el corazón.
Amalia pertenecía a esa generación que se formó en una familia blanca herrerista, en donde la divisa, la marcha y la forma de ver el país era cosa casi cotidiana en la mesa familiar. De esa forma creció, considerando la actividad política como parte de su vida.
Afincada muchos años en el departamento de Colonia, trabajó en el Gobierno Departamental, ingresando en el escalafón de servicio y terminando como Jefa Administrativa de una de las áreas más importantes del Municipio de Colonia.
Ya viuda, decide regresar a su pueblo, en el que la aguardaba gran parte de sus afectos, hermanas y sobrinos.
Conozco a Amalia cuando nuestra Agrupación política hace alianza con la legendaria lista 11; todavía tengo presente las palabras de Don José Urbeltz presentándomela, - que razón le asistía-, desde allí entablamos una maravillosa relación; aprendimos a querer a esa noble y fiel compañera de todas la horas.
Su apoyo permanente, su presencia, su voz suave y elocuente era siempre bienvenida en los momentos más difíciles de esta linda, pero intrincada tarea que es la actividad política.
Militante ejemplar, no importaba la edad ni lo precario de su salud, ella estaba en toda la tareas, en los barrios, en los comités, asambleas partidarias, cumpliendo con su labor legislativa sin día ni hora, tan metida en lo cotidiano político con tanta energía y tan combativa, disimulando con valentía la fragilidad de su salud.
Los últimos años se la veía feliz con su familia – hermanas y sobrinos-, su actividad política y de servicio a la comunidad, a través de la Cruz Roja.
La muerte no la interpretamos, la aceptamos como desenlace de la vida, nos queda la resignación ante el hecho y el dolor en el alma, frente a la dura realidad.
Los seres humanos vivimos lo cotidiano como si fuera permanente, con la ilusión de la vida eterna.
Aún con el dolor de la enfermedad, luchaba en sus últimos días para mantener la tenue llama de la vida y vencer a la muerte. No pudo, pero dejó en nosotros un ejemplo permanente de lucha, de saber que se puede combatir hasta el final.
Como hombre creyente no puedo reprochar a Dios porque nos la quitó, sino simplemente agradecerle por haberla conocido. |